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domingo, 8 de febrero de 2015

Pashupatinath, el templo de las bestias

redacción: Salva; fotografía: Salva y Remei

Rio Bagmati atravesando el Templo Pashupatinath
Establecido a las orillas del río Bagmati, Pashupatinath es uno de los templos dedicados a la deidad Shiva más importantes del mundo. Es el templo donde se llevan a cabo los rituales funerarios (por no decir entierros) de la religión hindú en la zona de Kathmandú; pero también es donde se celebra el nacimiento de Shiva, llamado Shivaratri (en wikipedia aparece una historia diferente del Shivaratri de la que nos contaron las personas del lugar... supongo que será algo variable por regiones). Por lo general, es un lugar triste y turístico a la vez, donde las familias se reúnen para incinerar a sus muertos, y los guiris se paran a realizar fotos del proceso, lo cual, nos dijeron, no es irrespetuoso porque lo guarda para la eternidad en la fotografía o el vídeo. Como mucho templos del país, la entrada vale dinero; aunque nosotros conseguimos entrar gratis con la ayuda de un guía del recinto, que, como no, después nos cobró por la visita. La información que mostramos a continuación sale de lo que recordamos de la palabras del guía. En Nepal se cumple bastante bien la frase "cada maestrillo tiene su librillo"; en este sentido, la información, las leyendas, las interpretaciones, varian según cada guía, pero con unos patrones generales.

Estatua de Ganesh, hijo de Shiva. Detrás descansan los hombres santos Saddhus.


domingo, 28 de septiembre de 2014

Estar en Casa

(redacción: Salva; fotografía: Salva y Remei)
Verás, lo pensé anoche. Me dije, bueno, esto de viajar y ver cosas está muy bien, pero lo divertido es haber estado. Ya sabes, pegar las fotos en un álbum y recordar cosas (...). Sí. Lo importante de tener muchas cosas que recordar es ir a algún sitio a recordarlas, ¿comprendes? Tienes que detenerte. No has estado en ninguna parte hasta que no vuelves a casa.
(Terry Pratchett, La luz fantástica)


Y es que, para que un viaje sea un viaje, necesita de un retorno. La parte más corta de los relatos, como si coger cuatro aviones en 32 horas, con diarrea y todo el agotamiento de tres meses, no fuera una experiencia que explicar, solo un trámite que pasar. Como si los recuerdos con los bordes difuminados no fueran parte del mismo viaje; ese concordar y recordar cada detalle de la experiencia, adornado de frases como “¿Te acuerdas?” o “¡Menudo viaje! ¡Tres meses!”. Vivir de una manera diferente no tiene sentido si no se compara con otra. Volver es parte del viaje, volver a casa. A lo que cada uno quiere llamar Casa.
Sin esa Casa, nada tendría sentido. ¿Para que aguantar el frío de la mañana adentrándose en la selva? ¿Qué necesidad hay de ver un mar de nubes, con montañas que sobresalen como islas? ¿Qué importancia tendrá quedarse mirando una estatua de algún Buddha del siglo IX? ¿Por qué recorrer un puente colgante, suspendido sobre un río lleno de basura? ¿Por qué dormir en un suelo de aeropuerto que finge ser desierto?
Supongamos que la respuesta a todas las preguntas no es solo por el mero hecho de vivirlas (que no es poco). Es también para volver a Casa.

domingo, 15 de junio de 2014

Meditación Vipassana: experiencia personal y explicación




La idea de realizar un curso de diez días de meditación Vipassana casi siempre llega con alguien, en nuestro caso Benjamin, de Inglaterra. Alguien gira la rueda del Dhamma y lo comparte contigo. No necesariamente lo comparte contigo porque haya sido para él una experiencia maravillosa, aunque pueda ser que sí; ni tampoco  porque sea la técnica que conduce a la verdad (como a veces a mí personalmente me pareció que me intentaban vender allí), sino porque como experiencia es impresionante y porque la gente se queda sin palabras al explicarlo. Son esas experiencias, las que te vuelven mudo, con suerte lacónico, las que hay que vivir, las que hacen que la vida cobre matices inesperados. El final de Vipassana acaba también cuando empiezas a girar la pequeña rueda y lo cuentas también a los demás y al menos alguien se pregunta si puede ser una buena vía para sí mismo.


El primer contacto con Vipassana, una vez te has informado bien, es a través de un Código de Disciplina, que has de aceptar estrictamente. No se trata de un acatamiento, sino del entrenamiento de la moralidad, que es la base o el andamio de lo que se va a desarrollar durante el curso. Es una conducta ética (Śīla, pronunciado “Shila”) basada en cinco preceptos (ocho si no es el primer curso que realizas) y que, de acuerdo con los discursos que se reciben allí, es una moral fácil de aceptar y casi sacada del sentido común, aunque en mi opinión la moral no es nunca algo universal ni tampoco de sentido común.
Los cinco preceptos son los siguientes:

sábado, 17 de mayo de 2014

Testimonio de un voluntariado en Nepal: ayuda por fuera, viaje por el interior de ti mismo


(Febrero – Abril 2014)

Durbar Square de Kathmandú; foto realizada por Salva Salar

Dos voluntarios cogen 4 vuelos para viajar a Nepal, el país de los Himalayas, y realizar un voluntariado con la ONG Círculo de Cooperación en la casa de acogida Kushiko Sansar. Hoy, una de ellos contesta todas nuestras preguntas.



¿Fue impactante llegar a Nepal? ¿Cuándo empezasteis el voluntariado? ¿Cuánto tiempo estuvisteis? 

Empezamos el voluntariado el 18 de febrero, pero llevábamos ya un mes en Nepal, así que por entonces ya habíamos recibido los grandes impactos que se reciben cuando te plantas en un país tan escabrosamente maravilloso y tan ordenadamente caótico como este. Los primeros días sentíamos que no 
sabíamos ni dónde estábamos. Además, habíamos llegado de noche y nos sentimos muy inseguros cuando salimos del aeropuerto y vimos a todos los taxistas alrededor de nosotros intentando conseguir que fuéramos en el taxi de cada uno y no en el del otro, así como cuando llegamos al barrio