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| Redacción: Remei; fotografía: Salva |
Viajar a veces sabe a podrido. Es natural que no todos los
momentos de los viajes sean alegres y mucho menos sean todos intensos. Hay
momentos que son muy tristes, hay minutos enteros de largas despedidas, de
dejar una temporada o gran episodio de vida atrás. Pero hay también una construcción de una rutina (en el buen sentido de la palabra) que desde el principio se sabe que es temporal y, dentro de esta rutina, momentos de aburrimiento.
Luego están los momentos asquerosos. Y de aquí nos vamos, entonces, a un tema
más gastronómico que sentimental y contamos una anécdota de sabores que vivímos en
la última parada de nuestro trekking en Nepal, por sus colinas medias.
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