domingo, 14 de septiembre de 2014

Trekking Nepal (9ª parte): de Chisopani a Nagarkot

Redacción: ; fotografía: Salva y  

La noche en Chisopani fue muy divertida. Estuvimos cantando con gente a la que nunca más veremos alrededor de la hoguera y probamos por primera vez el alcohol local nepalí.

Habíamos decidido, en uno de los posts anteriores (Trekking Nepal (7ª parte): Llegada a Chispani: ¿Y ahora qué? ¿A dónde vamos?), digo, el día anterior, cambiar de ruta e ir de Chisopani a Nagarkot

Cartel en Chisopani sobre la ruta Chisopani-Nagarkot.



Es un camino bastante tranquilo, más o menos llano (únicamente 200 metros de desnivel al final) y sobre todo altamente bello. Ese día hicimos uno de los trayectos más espectaculares que hemos hecho y haremos en nuestras vidas. Emprendimos el camino sin dejar atrás los Himalayas que veíamos desde Chisopani (Chisopani o Chisapani, según quién lo diga, según quién lo escriba): casi todo el camino del principio estaba orientado al este, de modo que siempre teníamos a nuestra izquierda una de las vistas más maravillosas del mundo. 


Fue uno de esos días en que un día se convierte en un año y uno piensa en cuán más relevante es la percepción del tiempo que el tiempo en sí mismo. Lo primero que encontramos en el camino fue un lago, justo a las afueras de Chisopani:









Es después del lago que la ruta despliega todas sus maravillas. Si bien al principio, al salir de Chisopani, las vistas son espléndidas, luego no dejan de serlo y son incluso aún mejores. Desde allí se puede apreciar gran parte la cordillera del Himalaya, especialmente la zona de Langtang, que es la zona que está justo al norte de la capital, Kathmandú, pero también desde las zonas más del este, donde está el Everest (ese día había niebla y era prácticamente imposible verlo), hasta las zonas más del oeste: la zona de los Annapurnas. 








Julhe: ¿seguimos o nos quedamos?

Después llegamos al pueblo de Julhe. La sensación fue extraña. Es un pueblo minúsculo con cuatro casas. En la primera hospedaban a visitantes y comimos un plato de comida. Había otras personas allí, con un comportamiento de intenciones dudosas, y, como ya era tarde, tuvimos que tomar la decisión de quedarnos allí a dormir (era un poco caro) o emprender el camino al siguiente sitio. Decidimos tirar para adelante y fuimos preguntando en sitios donde dormir, pero nada nos convencía. Hasta llegamos al Juhle Mountain Resort: demasiado para nosotros. Allí volvimos a tomar la decisión de seguir para adelante, en dirección hacia Nagarkot.

De Juhle a Nagarkot: la prisa

Es entonces cuando el reloj empezó a ir un poco más rápido, nosotros más despacio y el cielo empezó a avisar de que la noche nos estaba vigilando para empezar a acecharnos desde arriba, aunque aún quedaba tiempo. Era bastante improbable que consiguiésemos llegar de día a Nagarkot, que era nuestro destino, y durante el camino fuimos descubriendo que quizá no habría alojamiento ya hasta allí.

La carretera era muy estrecha y estaba en mal estado. Sin embargo, apareció un coche 4x4 y le pedimos que nos llevase un trecho. Uno de los momentos de más miedo de la vida. Nunca he visto conversación más silenciosa ni a nadie tan concentrado como a aquel hombre que ponía toda su atención en la carretera, en el cambio de marchas, en el freno de mano y en el volante, saltando bache tras bache, a veces rozando demasiado el borde de la carretera. Nos dejó en una zona donde se cruzan varios caminos de la que no recuerdo el nombre y de allí nos indicó cómo seguir hacia Nagarkot.

La caída de sol de nuestros sueños

Todavía nos quedaba pasar por Chauki BhanjyangKattike Bhanjyang, dos nombres en el cartel de arriba y dos lugares maravillosos de camino a Nagarkot. El segundo, Kattike, lo recuerdo con un cariño especial, aunque solo estuvimos allí 15 minutos. Es uno de los lugares donde los niños te saludan y casi saltan a jugar contigo. Tuvimos que seguir caminando y respirando en estas colinas medias maravillosas del Nepal, en este camino perfecto de Chisopani a Nagarkot, porque el sol iba cayendo sobre los Himalayas y la noche empezaba a amenazar con dejarnos completamente a oscuras.

Llegando a Nagarkot

Realmente nos dejó completamente a oscuras, ya subiendo la pequeña colina que lleva a Nagarkot, y en alguna encrucijada dimos gracias al autobús que subía completamente a oscuras y que nos condujo por 50 Rs (excesivamente caro, pero nos vio turistas y sin muchas más posibilidades) el pequeño tramo que nos quedaba hasta Nagarkot. Tuvimos una llegada un poco especial, compartiendo autobús con una de esas personas que intentan que te alojes en su hotel, solo que esa vez fue un chico demasiado insistente, con aliento a alcohol (del hotel New Dragon), que hubo que sacarse de encima rústicamente. Al final, nos alojamos en el Hotel Green Land, donde tuvimos la suerte de conocer a Apil, que trabajaba allí como camarero. 

En el siguiente post, hablaremos de nuestro breve paso por Nagarkot.


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